Laguna de Guatavita: un lugar lleno de vida e historias al alcance de todos

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Laguna de Guatavita

Colombia cuenta con una riqueza natural única que permite a visitantes y propios disfrutar de lugares naturales emblemáticos.

 

Sesquilé (Cundinamarca), lunes 25 de septiembre de 2017.

 

A tan solo 57 Km. de Bogotá, por la salida norte de la ciudad de ésta ciudad se encuentra la ‘Reserva Forestal Productora Protectora Laguna Cacique Guatavita y Chuchilla de Peña Blanca’, un encanto natural que, aunque muchos creen pertenece al municipio de Guatavita, por su nombre, en realidad geográficamente forma parte del municipio de Sesquilé.

 

El 1er contacto que se tiene a la hora de llegar al parque es la réplica de una casa ceremonial o kusmuy, que traduce en lengua mhuysqa “casa de agua”; un lugar sagrado para esta comunidad y punto de meditación y rituales, acompañados de danza, música y fuego, que los prepara física, mental y espiritualmente para recorrer el territorio.

 

Esta casa, como una representación sagrada de los antepasados, está elaborada a base de bareque y otros materiales como la madera que representa a la comunidad. Las columnas del recinto hacen semejanza al puesto de los líderes indígenas, y un círculo en el centro llamado kosmus, a los mundos de arriba y abajo. En las paredes, reposan majestuosas unas réplicas de piezas muiscas, que cuentan parte de la mítica leyenda de El Dorado. Las originales fueron encontradas por un trabajador de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), cuando se estaban haciendo las excavaciones para los senderos peatonales. En ese entonces, la autoridad ambiental decidió entregarlas al Museo Nacional de Colombia, en Bogotá, con el fin de protegerlas, conservarlas, estudiar su riqueza y compartirlas con el mundo.

 

Después que sus visitantes aprenden un poco de esta cultura ancestral, inicia el recorrido por la reserva, donde se puede apreciar la flora nativa que habita en este lugar y el conocimiento de sus propiedades curativas de diversas enfermedades.

 

El ascenso de la montaña cuenta con 150 escalones, con una inclinación de 45°, que conectan 2 miradores; lo que permite que los cientos de turistas que a diario visitan la reserva puedan apreciar de una manera especial la laguna.

 

Durante la travesía, los guías o relatores ambientales, algunos pertenecientes a la comunidad indígena Mhuysqa de Sesquilé, cuentan que en el año 1537, conquistadores llegaron de todas partes del mundo, como Francia, Alemania, Italia y España; la montaña estaba totalmente cerrada, pero su afán por el oro los hizo abrir caminos que los llevaron a la laguna, donde encontraron ofrendas y reliquias del preciado metal que dejaron los indígenas en los cultos que realizaban a sus dioses.

 

 

Posteriormente, llegó el español Hernán Pérez de Quesada, explorador y conquistador, que junto a varios muiscas y africanos esclavos, caminó desde la sabana de Bogotá hasta la laguna. Estos comenzaron a sacar el agua a ‘totumadas’ y encontraron entre 2.000 a 3.000 piezas de oro y esmeraldas.

 

Este sector se convirtió en cantera, el material explotado se usó para hacer la vía que conduce a la laguna. Llegaron entonces Lázaro Fonte y Antonio Sepúlveda con picas, palas y azadones, y tratando de drenar la montaña, hicieron túneles, que más tarde se derrumbaron, fracasando en el intento.

 

Aunque ellos también sacaron oro, se fueron para darle paso a los ingleses, quienes con dinamita negra abrieron la montaña en 2 y dejaron escapar sus hermosas aguas color esmeralda, ya un poco alcalinas, como relata Clara Lucía Chautá, guía del parque: “Aún hay vestigios, donde se encuentran filtraciones. Los ingleses, cuando se fueron dejaron maquinaria, entre ellas una caldera de vapor que utilizaban para moler el barro, cernirlo y recoger el oro. Los colonos volvieron este sitio una cantera y con el recebo que había, hicieron las carreteras hasta el pueblo”.

 

Después de muchos años, la CAR como entidad comprometida y responsable por la protección de los recursos naturales de la jurisdicción, compró 603 hectáreas de reserva que limitan con Guatavita y Sesquilé, de las cuales 107 hectáreas forman parte del parque.

 

Antes la entrada a la reserva era libre, sin restricciones; muchas personas le hicieron daño a este ecosistema, razón por la cual la Corporación tomó el liderazgo para recuperar este hermoso lugar, con la construcción de senderos, miradores, y su debido mantenimiento, recuperando flora y fauna nativa, tanto así que en la actualidad ya cuenta con más de 40 especies de aves silvestres como: mirlas, pájaros carpinteros, carboneros, colibríes, lechuzas y animales como armadillos, zorrillos, comadrejas, cuys, serpientes, lagartijas de monte, y otras tantas que dan vida a este lugar.

 

¿Quieres ir?

 

La CAR te invita a que conozcas la Reserva Forestal Productora Protectora Laguna Cacique Guatavita y Chuchilla de Peña Blanca, en horario de martes a domingo de 9:00 am. A 4:00 pm. El valor de ingreso es de $2.000 para oriundos, $12.000 para los nacionales no oriundos y $17.000 para extranjeros. Para niños menores a 5 años, adultos mayores de 65 años, comunidades indígenas y personas con limitaciones físicas, el ingreso a la reserva es completamente gratuito.

 

Para más información:

Línea telefónica: (1) 320 90 00 Ext. 1181.

Sitio web oficial: www.car.gov.co

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